Ambientalmente podríamos denominar al reciclaje de un elemento cuando lo reinsertamos dentro del sistema de producción, que no posee un valor de venta o es despreciable y que tiene inicialmente como destino final su disposicion, es decir, va a la basura.
Aprovechamos el pequeño valor residual que le queda a ese material y lo reinsertamos en el sistema, para reaprovecharlo.
Todos lo hacemos a diario alguna que otra vez…. en pequeñas cosas…
Cierta vez tenia una asistente que cada semana me pedía comprar clips, esos pequeños alambres doblados para mantener varias hojas unidas (hago esta aclaración ya que en otros países estos implementos de oficina tiene otros nombres). Ella parecía tener una obsesión por los papeles unidos por clips.
Bien, un día le informé que no le compraría mas clips, que reusara aquellos que llegaban a la oficina desde afuera, es decir, con la correspondencia, con los memos internos, etc.
Mi intencion inicial no era realmente “ahorrar”, pero queria tener una real nocion de cuanto estabamos hablando.
Hasta que ella aprendió a que no se le escapara ningún clip, llego a juntar casi 80 por semana. Corolario: la consultora había logrado disminuir su presupuesto en el rubro «útiles de oficina».
¿Cuanto realmente nos estabamos ahorrando..? aproximadamente u$s 3,80 al mes. En terminos de economia real, no era algo que moviera el balance financiero mensual, pero si lo sumaba al año, bien podria gastar esos 45 y pico de dolares en otros elementos, como ser, plantas de interior para la recepcion.
Otra situación fue con las hojas de papel. Se precisaban casi 3000 hojas semanales (u$s 30). Le encomendé entonces un estudio especial – de paso, le inculcaba y enseñaba algunas cuestiones metodológicas sobre estudios ambientales -, indicandole la tarea de anotar cuantas hojas se usaban para lograr un trabajo determinado, es decir, si para escribir una nota, cuantas hojas usaba antes como pruebas.
Luego de un mes de análisis, se había entusiasmado al darse cuenta de que teníamos un promedio de 2,8 hojas por cada hoja que salía de la oficina, es decir, había casi tres hojas perdidas por cada original bien hecho.
Tarea: guardar las hojas que eran borradores para reusarlas en su reverso (salvo aquellas con información confidencial)
Resultado: si bien se mantuvo el nivel de «error» por cuestiones operativas, de impresión, de tipeo, etc., se redujo la compra de papel a 1900 – 2000 hojas semanales.
Hay que observar una aspecto ¿cuánto se invertía en recuperar los clips? ¿cuánto se invertía en recuperar las hojas en vez de automáticamente tirarlas al cesto? ¿Cuánto dinero efectivo nos estabamos ahorrando? es verdad, todo suma, pero REALMENTE, ¿cuanto nos ahorrábamos?
En este caso el “gasto” de reciclar (o reusar seria el termino mas adecuado) era casi despreciable ya que mi asistente no alteraba en demasia sus tareas diarias por realizar estas dos actividades – recuperar “clips” y colocar las hojas reusables en una bandeja aparte. La situación cambiaria si por ejemplo, con tal de aumentar el ahorro la enviaba a recolectar clips del resto de los escritorios, del suelo, de los cestos de basura, etc. etc.
Aunque pudiera recolectar la misma cantidad, a fin de mes yo debia descontar el tiempo que ella invirtió – traducido a dolares – en recolectar los clips
Suponiendo que su sueldo era de 9 dolares la hora, y suponiendo que en la semana ella invertia a razon de 15 minutos diarios en recolectar los clips ajenos, simplifiquemos y digamos que invertia una hora por semana = 4 horas al mes, por 9 dolares = 36 dolares al mes.
Es decir, con esta doble tarea de recuperar el doble de clips – los propios mas los otros de los demas escritorios – yo ahorraba 3,8 x 2 = 7,6 dolares al mes, pero habia invertido 36 dolares, es decir, mi balance era negativo, ya que habia “gastado mas” de lo que habia “invertido”.
La base de la Economia Ambiental.
Así podemos analizar otros varios casos. Y es lo que hacemos diariamente y en forma casi automática. Reusamos la bolsa de comestibles como bolsa para residuos, reusamos la caja de cereal para tirar dentro otros residuos, reusamos algunos sobres de correspondencia para ensobrar y ordenar papeles caseros, reusamos algunos recipientes para guardar cosas del taller, lapiceras, etc., etc..
Esto es a una escala mínima, puntual. ¿Que pasa cuando lo extrapolamos a escala industrial?
Veamos. ¿Cuando es que se tira algo? cuando no tiene valor de venta o es despreciable.
¿Quien determina el valor de venta? los costos de producción, la oferta y demanda.
Existen un sinnúmero de artículos que tienen un valor de venta (valor no es lo mismo que el precio), pero dependiendo el lugar geográfico, la situación económica, los consumos de la sociedad, sus necesidades, sus costumbres, la «basura» es particular porque los consumos son particulares.
No es la misma basura la de Roma, París, Washington ni Buenos Aires. Son patrones diferentes porque son sociedades diferentes y tienen patrones de consumo diferentes.
Han habido varios casos de fracaso en politicas tecnologicas de tratamiento de residuos por copiar sistemas de tratamiento inadecuados para los patrones locales de consumo y de descarte.
Convengamos que nadie va a tirar algo por el cual pagó. Si mañana le pusieran precio a los envases descartables, ¿quien los tiraría a la basura? nadie.
Además, al ponerle precio al envase, significa que deberá existir ALGUIEN que los colecte y los reinserte en el sistema productivo. Y eso es un gasto.
¿Porque no se le pone precio a algunos envases? ¿Porque no se los transforma en «retornables» en vez de «tirables»?
Simple. Principalmente por comodidad.
Hagamos un pequeño estudio de mercado. Ud. tiene una fiesta de 50 personas en su casa y calcula que cada una consumirá al menos media botella de vino, por lo tanto deberá comprar 25 botellas, y calculando a algún amigo de esos que uno conoce bien, compra cinco mas.
Si alguien le preguntara que seria mas fácil para Ud.:
Opción 1: botellas retornables (con precio)
- se acuerda de la fiesta cuando va regresando de la oficina
- debe ir primero a su casa
- buscar 30 botellas vacías
- cargarlas en bolsas
- llevarlas hasta el coche
- cargarlas en el baúl
- llegar al supermercado
- entregar las botellas vacías
- cargar las 30 botellas de vino
- llevarlas a su casa
Opción 2: botellas descartables
- se acuerda de la fiesta cuando va regresando de la oficina
- va al supermercado
- carga las 30 botellas de vino
- las lleva a su casa
¿y bien? ¿acaso no es por comodidad?
Calcule cuantos envases de cuantos productos Ud. consume y cuantos de ellos son directamente descartables, aunque pudiendo ser recuperados.
Se busca la comodidad del cliente, la facilidad del consumidor. Fíjense cuanta publicidad hace hincapié en la comodidad y beneficios del envase o packaging sin hacer mucha mención al producto.
Es verdad que muchos productos ya están insertos en el mercado y no precisan de publicidad, pero cada vez se tiene mas en cuenta el packaging. Los envases se fabrican con materiales de características tales que no afecten el precio del producto.
Se están fabricando cajas con cartón recuperado, con aluminio recuperado, los plásticos se pueden recuperar, pero muchas veces el precio de lo que se obtiene por reciclado es tan bajo que la única forma de hacer rentable ese sistema de recuperación es a través de dos maneras:
- bajar los costos de producción al máximo
- subvencionar esa producción
- excenciones impositivas totales
- que la cadena de recuperacion sea totalmente informal
¿Como se bajan los costos? existen varias maneras, la automatización puede ser una forma, pero hay que calcular muy bien la inversión y el recupero del capital.
Subvencionar procesos es utilizar recursos excedentes – o no – para que un proceso sea «rentable». La subvencion redirige recursos de una via a otra, es decir, en lo global, lo que se gana en un lado se pierde en otro.
Las excenciones impositivas pueden ser otra forma de mejorar el balance, aunque como en el caso de la subvencion, lo que no se recauda en un lado se lo debe compensar por otro.
Otra forma es reducir los costos directos, es decir, reducir al máximo las tareas que mas gastan que en general son aquellas que no producen, es decir, no hay servicio de atención a los trabajadores, no utilizan elementos de seguridad o se encuentran en mal estado, entre otras
Esto sucede si el PRODUCTO que se obtiene por RECUPERO o RECICLAJE posee un valor de venta BAJO.
Si lo que se produce por recupero posee un valor de venta ALTO, la producción genera mas dividendos y por lo tanto se puede derivar mayor cantidad de plata a mejorar las condiciones de producción.
Es por ello que en algunas sociedades, la única forma en que es posible recuperar materiales de los residuos es utilizando mano de obra muy barata – obviamente en condiciones de trabajo totalmente informales – ya que resulta mas BARATO obtener un determinado producto utilizando materia prima VIRGEN que materia prima RECICLADA.
Si la materia prima virgen es cara, entonces los números y necesidades para recuperar materiales son altos y por ende es posible armar un negocio FORMAL para recuperar materiales de los residuos ya que COMPITE con la producción de elementos a partir de materia prima virgen.
Los invito a hacer un estudio de mercado y que me envíen los resultados así luego los comentamos. Diríjanse a una librería o donde se venden artículos de papelería y pregunten cuanto sale una resma de 500 hojas de papel nuevo y cuanto sale una resma de 500 hojas pero de papel reciclado. Convengamos en comparar iguales productos, es decir, la misma cantidad de hojas, carta o A4 y de 80 gramos aproximadamente.
Aquí en argentina al menos les comento que en promedio, una resma de 500 hojas, de 80 gramos tipo A4 cuesta u$s 4,70 de PAPEL NUEVO
¿Las de papel reciclado? u$s 4,90, casi el mismo precio
¿Como es que sale casi lo mismo el papel hecho de papel residual que el papel hecho de pulpa virgen? No es que obtener papel reciclado sea caro (digamos que es caro en este contexto), sucede que obtener papel nuevo de pulpa virgen es BARATO en comparación con el reciclado. Eso es lo que sucede muchas veces. Los procesos para lograr un papel reciclado de buena calidad – es decir, que sirva a sus propositos – son altos, y a veces hasta pueden llegar a ser ambientalmente mas conflictivos que la obtención de papel nuevo.
Puede recuperarse papel para otros usos de menor calidad, pero lograr una muy buena calidad que compita es difícil. De lo contrario, en las librerías tendríamos mas resmas de papel reciclado que de papel virgen.
Lamentablemente (o por suerte, según como lo aprovechemos) todo es una cuestión de costos.
Entiendo que lo CARO y lo BARATO se mide de una sola manera: si lo puedo comprar o no. Si un grupo de la sociedad puede comprar algo que luego se tira, y tiene el dinero para hacerlo, ¿porque los fabricantes de «cosas» van a ponerle precio a lo que se tira? si total, rehacerlo es mas barato que recuperar lo que ya se hizo?
Así es que en la basura encontramos botellas plásticas, latas de aluminio, papeles, cartones, maderas, caucho, metales varios, entre otros elementos recuperables en gran medida. Pero el tema pasa por el costo de esos materiales. ¿Cuánto vale ese metal en la basura? ¿Cuánto vale ese plástico en la basura? ¿Y ese papel?
Si, tienen un valor, pero la única forma de que ese valor alcance una cifra que sea competitiva en el mercado contra el material virgen, es instrumentando un sistema muy barato de recuperación. Aquí es donde comienza el trabajo en condiciones informales – y muchas veces inhumanas – que es posible ver en países con altos indices de pobreza estructural. Se deben recolectar cientos de kilos para lograr unos pocos dólares.
Las políticas de reciclaje son mas que nada aplicables a pequeñas comunidades que pueden cerrar un circuito muy preciso de recolección de residuos, separación, segregación y recuperación de materiales. Y sobre todo, que pueden trabajar muy activamente a nivel de la minima celula en el circuito de generacion de residuos: EL HOGAR.
Quizás, y analizando muy profundamente cada caso en particular, pueda llegarse a implementar un sistema de recolección que se autosostenga, es decir, que el recupero sea al menos igual a los egresos.
Si los «gastos» son mayores que los «egresos», o cerramos el negocio o lo SUBVENCIONAMOS.
Si los «gastos» son menores que los «egresos», estamos ante un negocio que da dividendos, y por lo tanto es rentable..
y si los «gastos» son iguales a los «egresos», hasta que no se cumpla la vida útil de los elementos que utilizamos para realizar el reciclaje esta todo correcto, pero cuando haya que adquirir mas elementos, eso va a perdida, sin dejar de mencionar que las personas deben obtener un beneficio para el resto de sus necesidades.
¿Y donde esta el ambientalismo aquí? ¿Dónde esta la conciencia ecológica? bueno, justamente en la subvención, es decir, derivar parte de las ganancias a una acción de minimización del impacto ambiental por el hecho de disponer algo en el ambiente o en la excencion impositiva, es decir, que las perdidas por la no recaudacion se compensan con los beneficios de no deber remediar el ambiente o disminuir los costos por la contaminacion.
Quizás si se impusieran costos a los envases, y que ese costo fuera recuperable por parte de la sociedad, si se le hiciera cargo a las empresas del packaging con que vende su producto, si se le promoviera a la industria por parte del estado de beneficios impositivos por utilizar materiales recuperados, gastando entonces menos dinero en el manejo de los residuos, entonces podríamos estar camino a transformarnos en una sociedad tendiendo hacia el equilibrio con el ambiente que la sostiene y no en la sociedad actual.
Por ahora, la mayoría son solo intenciones. De nosotros depende que transformemos esas intenciones en hechos concretos, análisis de mercado, costo-beneficio y de esa forma muchas intenciones ambientales se transformaran en realidades concretas, acordes a la realidad que mueve a las sociedades.
Quizás esta visión sea muy «mercantilista», es verdad, pero, la otra visión, la «ambientalmente pura», la «ecologista», ha tenido éxito solo parcialmente. Si no fuese asi, no tendríamos los basurales que tenemos, no tendríamos la contaminación que vemos y no tendríamos los conflictos ambientales que tenemos.
Cambiemos las forma de ver las cosas. No todo lo que se vea desde un marco económico es malo. No es malo hacer negocios con la ecología. No es malo hacer negocios con el ambiente. Si al establecer y promover esos negocios nos beneficiamos todos y tenemos en los residuos menos plásticos, menos papeles, menos metales, menos caucho, bienvenido sea el mercado.
De lo contrario, quizás nos ahoguemos en la utopía de una sociedad completamente compenetrada con la preservación ambiental. Y por lo visto, todavía estamos muy lejos de esa sociedad.
